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La reputación

La reputación

Lic. en Psicología. Mertxe Pasamontes.

Uno de los resultados perversos o maravillosos que ha tenido la aparición de las Redes Sociales y de los Blogs como este, es que la reputación ha pasado de ser algo del ámbito más privado o personal , a ser algo que se ha convertido en público para muchas personas. Tu reputación, que hasta hace unos años era algo que conocía tu familia, tu pequeño círculo profesional y amigos, es ahora, en las Redes Sociales, una cuestión que puede interesar a mucha gente. Y también un tema a tener en cuenta en muchas empresas que antes ejercían ese control de manera unidireccional, con notas de prensa o comunicados y que ahora se encuentran en la obligación de conversar con sus clientes. Es sabido que el 83% de los usuarios verían influida su decisión de compra en base a las opiniones que puedan ver en Internet acerca de un producto o servicio. Por lo tanto, es de suma importancia que una empresa o institución tenga constancia de dichas opiniones para actuar en consecuencia.

Estamos ante una situación diferente, más compleja y mejor, en la que participan múltiples actores y circunstancias, muchas de las cuáles no se pueden controlar fácilmente. 

La reputación, es algo que se construye día a día, paso a paso, en cada uno de nuestros actos. Tiene que ver, con tener una coherencia entre lo que dices y lo que haces,  que se transmite en la mayoría de nuestros actos. Lo mismo sucedería en nuestra vida personal. Una “buena persona” o un “buen amigo” son fácilmente reconocibles, tiene unos valores y unas actitudes que lo diferencian de otros.

Los problemas en la reputación, suelen venir por dos lados: uno, cuando tratamos de ser quién no somos. En esa situación, esa falta de coherencia interna se acaba manifestando externamente y provoca que los demás se den cuenta de que algo “no cuadra”. Ese descuadre acaba en ocasiones en una crisis de reputación o dicho de un modo diferente, en una crisis de confianza.

El otro, es un problema más íntimo y tiene que ver con un exceso de ego. La parte de nosotros que está más preocupada por nuestra reputación, por lo que los demás pensarán de nosotros, es el ego. Y no se trata de que no tengamos que tener nada de ego, pero tal vez estaría bien que pudiéramos mantener un equilibrio, que no nos atrape, que no nos angustie tanto.

Una antigua historia de la India que tal vez explique mejor este punto:

Había una vez un gran escultor, cuyo arte era tan perfecto que cuando hacía la estatua de un hombre, era complicado distinguir quién era el hombre y quién era la estatua. Era una obra tan realista y tan viva que causaba gran admiración.

Un día llegó un astrólogo a la ciudad y le predijo que se acercaba su muerte, que muy pronto iba a morir. Al artista le entró mucho miedo, se asustó tremendamente y empezó a pensar maneras de evitar su muerte, ya que había sido advertido de ella. Después de mucho pensar, decidió realizar once estatuas de sí mismo y en el momento en que la Muerte llamó a su puerta fue a esconderse entre ellas. Dejó de respirar para pasar desapercibido.

La Muerte estaba perpleja, no podía creer a sus propios ojos. Esto no le había sucedido nunca; ¡era tan raro!. Dios no creaba a los seres humanos en cadena, no era posible que existieran doce copias de la misma persona. Allí sucedía algo extraño. Y sólo podía llevarse a uno….Como no podía decidirse, la Muerte, nerviosa y preocupada se marchó a preguntarle a Dios: ¿Qué has hecho? Hay doce personas iguales y se supone que sólo tengo que traer a una. ¿Cómo debo escoger?

Dios se echó a reír. Le dijo a la Muerte que se acercara y pronunció la fórmula en su oído, la llave para saber cómo encontrar lo real a partir de lo irreal. Le dio un código secreto y le dijo: – Vete y pronúncialo en esa habitación en donde el artista está escondiéndose entre sus propias estatuas.

La Muerte, aún preocupada, preguntó: ¿Seguro que funcionará?

– No te preocupes- le dijo Dios- simplemente ve y prueba.

La Muerte se fue sin estar del todo convencida de si iba a funcionar. Entró en la habitación, miró a su alrededor y sin dirigirse a nadie en particular dijo:

– Señor, todo es perfecto excepto una cosa. Lo ha hecho muy bien, pero ha fallado en un punto. Hay un error.

El artista se olvidó completamente de que estaba escondiéndose. Saltó y dijo:

– ¿Qué error?

La Muerte se echó a reír y dijo: – Te pille!! Éste es el único error: no te puedes olvidar de ti mismo. Vamos, sígueme.

Como en el cuento, a veces estamos demasiado apegados a nuestro ego, excesivamente preocupados por el qué dirán, por el reconocimiento ajeno. Y aunque, como el artista, sepamos que no podemos agradar a todos, nuestro ego se resiente.

 

Fuente del articulo : http://www.mertxepasamontes.com

 

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